Empieza septiembre.
Y con él la idea de que el curso es un punto de partida. No lo es. Septiembre es el mes en que se congelan decisiones que ya no se van a poder tocar hasta el curso que viene. Este año hay tres encima de la mesa y solo una se está discutiendo.
1. La IA no es un problema de honestidad. Es que la prueba ha caducado.
Todo el mundo ha citado este verano el mismo dato: los alumnos que estudian con IA rinden mejor practicando y peor en el examen sin ordenador. La conclusión que se saca casi siempre es que la IA les está quitando aprendizaje.
Creo que mide otra cosa. Si a un ingeniero le prohíbes el software de simulación y le haces calcular a mano, también sacará peor nota, y nadie diría que sabe menos ingeniería. Estás midiendo la restricción, no la competencia.
Así que el reto de septiembre no es decidir qué permites. Es aceptar que si tu evaluación se rompe en cuanto aparece un modelo, el problema es la evaluación. Y entonces la pregunta se vuelve incómoda: ¿qué parte de esta asignatura sigue siendo difícil con una IA delante? Lo que sobreviva a esa pregunta es el programa. Lo demás es decoración, y este año se va a notar.
2. La evidencia que te van a pedir dentro de tres años se decide ahora.
AACSB y EQUIS no piden actividad, piden evidencia de aprendizaje. Lo que la mayoría de instituciones tiene guardado es actividad: asistencia, entregas, satisfacción y una rúbrica que rellena una sola persona en la última semana.
La diferencia entre las dos cosas no aparece hasta que llega la visita, y para entonces esa promoción ya se ha graduado. Un curso que ya ha pasado no se puede instrumentar hacia atrás. Septiembre es el único momento del año en que instrumentarlo cuesta casi nada, porque el diseño todavía está abierto.
3. El cuello de botella no es la tecnología. Son las horas del claustro.
Casi todas las instituciones con las que trabajamos tienen más herramientas contratadas de las que usan. El recurso escaso nunca fue la licencia: son las horas de un profesor con criterio que tiene que rediseñar una sesión y luego defenderla delante de sus colegas.
Esas horas no aparecen en ningún presupuesto. Se presupuesta la compra y se da por supuesto el rediseño. Ahí es donde se muere la adopción, no en la decisión de compra.
Los tres son el mismo problema en tres sitios distintos: llevamos años midiendo lo que es fácil de recoger en lugar de lo que queríamos enseñar. La IA no ha creado ese problema. Solo ha hecho que la factura llegue antes.
Llevo diez años trabajando en cómo se evalúa a las personas y el tercero sigo sin tenerlo resuelto. Es el que menos se discute y el que más veces nos ha tumbado un proyecto que sobre el papel estaba bien.
De los tres, ¿cuál se ha quedado fuera de vuestro plan de curso — y quién decidió que se quedara fuera?